Girl Power

La Realidad de la sexualidad Femenina

Ya sea que son mujeres empoderadas o desempoderadas, respecto a su sexualidad, se consideran a sí mismas mujeres de distintas generaciones. Desde las mayores, pasando por las de edades maduras o las más jóvenes. Desde las que viven la sexualidad en matrimonio o pareja, hasta las que la viven sin tener una pareja , las que son religiosas, las que se ven obligadas a vender sus cuerpos, las que tienen opciones heterosexuales, homosexuales o bisexuales, etc. Los tipos de socialización sexual son muy diferentes y diversos. Desde las que hemos sido educadas en modelos muy tradicionales; hasta las que adoptamos los modelos más modernos y “progres”. En grupo nos damos la posibilidad de descubrir las consecuencias que han tenido ciertas ideas en nuestras vidas y en nuestras formas de pensar y vivir la sexualidad. Las situaciones derivadas de vivencias sexuales y eróticas que tienen una gran repercusión en nuestras vidas como mujeres, tales como: nuestros embarazos, los deseados y los impuestos; nuestros partos, unos gozosos y otros dolorosos, medicados o de riesgo para nuestra salud; nuestras enfermedades de transmisión sexual; nuestros abortos, los naturales o los inducidos, los legales o los criminalizados; nuestras lactancias, tanto las agradables como las frustrantes y dolorosas; nuestras menstruaciones, las vividas con naturalidad o las acompañadas de mitos y sufrimiento. Se comparten sentimientos y reflexiones sobre las consecuencias para cada una de las existencias o carencia de abrazos, caricias, fantasías y sueños eróticos; así como los sentimientos más profundos que generan las relaciones sexuales no consentidas, las violencias, los abusos sexuales e incestos sufridos en la infancia; la prostitución , la pornografía y la trata; los acosos, las culpas, los dolores, las represiones, las insatisfacciones, los fingimientos de orgasmos y las negaciones del placer. Y, a pesar de tanta diversidad, de tantas experiencias diferentes, vamos intuyendo y reconociendo que compartimos profundas similitudes, que tenemos un núcleo común en todas nosotras:

“QUE SOMOS SERES PARA LOS OTROS”.
A continuación se exponen los Modelos de Socialización Sexual y los Mandatos Sexuales que recibimos las mujeres de distintas generaciones y que después, cada una de nosotras puede acatar de forma exclusiva o, adoptar una mezcla de modelos y mandatos:

1. EL MODELO TRADICIONAL PATRIARCAL DE LAS MUJERES MAYORES

Para la mayoría de las mujeres mayores de 60, como nuestras madres y abuelas, hablar de sexualidad y de sus cuerpos ha implicado y, en muchos casos, sigue implicando, perturbación y vergüenza ante un tema que, históricamente, les fue prohibido y ocultado; del que aprendieron en la práctica, es decir, en matrimonios tempranos y en maternidades continuas; muchas veces no deseadas. En abortos que, demasiadas veces, se practicaban en condiciones deplorables y acompañados de graves peligros físicos y legales. Para muchas de ellas, la sexualidad era un deber que cumplir sin mayores cuestionamientos, según el mandato social y religioso para el que fueron educadas y condicionadas. Su vivencia juvenil respecto a la sexualidad, está marcada por la ausencia de información, la ignorancia y numerosos mitos; pero sobre todo, por el temor de un embarazo; lo que condicionó sus vidas y las de sus hijas. Ya que al ser ellas ignorantes en el tema, tampoco supieron darles a éstas las pautas para comprender este trascendental aspecto de la vida y hacerse cargo de él desde su autonomía.
LOS MANDATOS SEXUALES PARA LAS MUJERES MAYORES
  • La sexualidad = la reproducción
  • Sólo en el matrimonio y monogámica
  • Sólo heterosexual y falocrática
  • Dominio del hombre y sumisión de la mujer
  • Prohibición de la homosexualidad y del lesbianismo
  • El aborto como pecado mortal
  • Lenguaje timorato y puritano sobre los genitales (“la concha”, “la perla”, “la pilila”, “el pito”…)
  • Doble moral sexual: permisiva para los hombres , represiva para las mujeres

2. EL MODELO MÁS LIBERAL DE LAS DE MEDIANA EDAD

Las mujeres medianas, de alrededor de los 40 y 55, han crecido y madurado escuchando asombradas y esperanzadas, todas las posibilidades que les brindaba la revolución cultural y sexual de los años 60. La etapa de los famosos eslóganes del “amor libre”, y del “hacer el amor y no la guerra”; de la ruptura de prejuicios y mitos; de búsquedas y de ansias de liberación; con roles tradicionales que, por su género, les había sido impuesto desde el comienzo histórico de la sociedad patriarcal. Los avances de la ciencia médica permitieron decidir cuándo y cómo tener relaciones sexuales coitales con un hombre, sin tener que enfrentarse a consecuencias de embarazos no deseados. Todo lo cual, representó un gran avance respecto a las anteriores generaciones de mujeres. A pesar de que simultáneamente, el poder médico también se introdujo y se ha instalado en las vidas de las mujeres. Una vez rota la equivalencia sexualidad=reproducción, con la anticoncepción moderna, las mujeres de estas generaciones escucharon hablar de la posibilidaddel propio placer; más allá del placer de sus parejas. Supieron que sus cuerpos eran una fuente potencial de gozo; que tenían derecho a disfrutarlo y que no tenían que conformarse con un matrimonio desgraciado para toda su vida. Un número significativo de ellas, han intentado rehacer sus vidas y han tenido varias parejas afectivas-sexuales. Aunque con los mismos esquemas del “amor romántico” y repitiendo los mismos modelos de dominio masculino y sumisión femenina. Y, aunque la sexualidad que practican y consideran la más sana y “normal”, sigue siendo la heterosexual y falocrática, no consideran la homosexualidad y el lesbianismo una aberración de la naturaleza.
LOS MANDATOS SEXUALES PARA LAS DE MEDIANA EDAD
  • Control de la reproducción (métodos anticonceptivos)
  • Posibilidad de tener varias parejas
  • Posibilidad de divorciarse
  • El amor romántico
  • Heterosexual y falocrático
  • Relaciones de dominio del hombre y sumisión de la mujer
  • “Condescendencia” con la homosexualidad

3. EL MODELO POSMODERNO O “PROGRE, DE LAS JÓVENES

Pero, ¿Qué está sucediendo actualmente con las hijas de estas mujeres; con las jóvenes que tienen menos de 35 años? ¿Están viviendo realmente la sexualidad libre, autónoma y gozosa que sus antecesoras anhelaban? O ¿Experimentando la tan soñada paridad de derechos sexuales con los varones? O ¿Ejerciendo el pleno control de su sexualidad y reproducción? ¿Son conscientes de la enorme trascendencia política de ser ciudadanas de sus propios cuerpos? Si sólo miramos y consideramos parcialmente lo que sucede en los países primermunidstas y desarrollados de nuestro entorno, podríamos pensar que sí hay avances muy importantes; y ahora son muchas las mujeres adolescentes y jóvenes para las que la sexualidad ya no es un tema prohibido, donde el uso de los anticonceptivos responde a una decisión más informada y responsable y que restan la importancia del matrimonio como requisito para una vida sexual activa. Que exigen a sus parejas el sexo sin riesgos y establecen los términos en los que se relacionarán sexualmente; y que hablan del placer sin titubeos. Sin embargo, claramente no son la mayoría, ni siquiera en los países primermundistas y avanzados socialmente. Y, qué decir de lo que sucede en la mayor parte de las regiones del mundo; donde millones de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes siguen siendo tratadas con violencia, subordinaciones y otras iniquidades que aún marcan su sexualidad y su existencia. Centrándonos solamente en el análisis de las minorías de nuestro entorno, de países primermundistas y desarrollados; observamos cómo el patriarcado se las ingenia para incorporar a este tipo de jóvenes a un modelo de sexualidad masculina, en el que la libertad sexual consiste en separar la sexualidad de la afectividad o en acceder a la mercantilización de la sexualidad a través de la prostitución o la pornografía. Para ser moderna y progresista, hay que dejarse de “cursilerías”. Ser como los hombres de “liberales”. Acostarse con múltiples parejas sexuales.
Llevado al extremo de este “modelo progres”, cualquier conducta sexual es válida; aunque sea violenta, si hay “consentimiento”. El placer y el deseo hay que conseguirlo a cualquier precio.
Por lo que en ciertos sectores que se consideran muy “abiertos y liberales”, el incesto, la pedofilia, el sado-maso, la pornografía o la prostitución son aceptadas y defendidos como muestra de trasgresión de las normas del patriarcado y de superación de un mundo burgués y anticuado. En estos sectores, también se defiende un modelo de lesbianismo a imagen del homosexual masculino. Donde no sólo no se cuestiona el modelo de dominación- subordinación; sino que se traslada a las relaciones lésbicas o se propone el intercambio de los roles de poder como muestra de igualdad. Así, concebida la liberación sexual de las mujeres jóvenes por este modelo, se induce a éstas a criticar y a apartarse del movimiento feminista, considerado cursi y timorato; que, según las y los “progres”, limita los deseos y el placer; “politiza“ el sexo, descalifica los comportamientos sexuales violentos y cuestiona la validez ética de un “supuesto consentimiento” entre sus participantes.
LOS MANDATOS SEXUALES POSMODERNOS PARA LAS MUJERES JÓVENES
  • Sexualidad separada del sentimiento amoroso (cosificación del otro/a)
  • Sobrevaloración del pene y de la sexualidad masculina
  • Múltiples parejas sexuales
  • Se valora la trasgresión (pornografía, prostitución, sado-masoquismo, incluso violencia, incesto y pedofilia “consentidos”…)
  • El placer y el deseo lo justifica todo
  • Todo vale, si hay “consentimiento”
  • El modelo de dominio y sumisión, incorporándolo también en el lesbianismo y, a veces, con intercambio de roles de poder
  • Lenguaje masculinizado, violento y soez (como expresión de libertad)
  • Hay que “despolitizar” el sexo y no cuestionar cómo lograr placer

4. EL MODELO FEMINISTA DE BUEN TRATO E IGUALDAD SEXUAL

Como podemos observar, en ninguno de los tres modelos anteriores se cuestiona la sexualidad coital y falocrática patriarcal. Incluso en el modelo posmoderno “progres”, se potencia aún más estas características. Proponiendo el falo como la más alta cota de la madurez y del placer sexual. Tampoco se cuestiona la violencia en las relaciones sexuales. Y es, nuevamente, en el tercer modelo, supuestamente el más liberador, donde se defiende vehementemente un tipo de violencia “consentida”; así como las relaciones de dominio y sumisión; eso sí, en algunos casos, intercambiables. A veces ejerce uno o una el dominio, pero en otros momentos el poder lo ejerce la otra persona que fue sumisa. A estos intercambios de dominación lo consideran trasgresión del patriarcado y “equilibrio de poderes”. Todo un ejemplo de “buenos tratos”.
¿Es esta la soñada paridad de derechos con los varones, planteada por el feminismo desde hace décadas y reforzada con el surgimiento del revolucionario paradigma de los derechos sexuales y reproductivos de los años 90?
Por supuesto el placer es algo bueno; y todas las mujeres tenemos derecho a él. Pero también sabemos por la experiencia, que el placer y el deseo deben tener sus límites. No puede considerarse positivo cualquier tipo de trasgresión. No podemos aceptar como liberadoras, conductas sexuales que infringen tanto dolor y sufrimientos a las personas; como los abusos sexuales infantiles, el incesto, la venta de los cuerpos y la violencia en la prostitución, la pornografía, el sado- masoquismo, etc. Es interesante cuestionar la sexualidad patriarcal mediante una reflexión personal y colectiva de las consecuencias de la socialización misógina patriarcal que todas y todos hemos recibido. Aprendamos y practiquemos pensamientos, sentimientos y conductas de buen trato; empezando por el propio cuerpo. En cualquier relación personal y sexual. Esto, a través de un modelo de educación afectivo-sexual feminista; basado en relaciones afectivas y sexuales igualitarias y respetuosas entre las personas, cualquiera que sea su sexo y orientación sexual.

UN MODELO QUE POTENCIE:

  • El conocimiento, la valoración y la sensualización del propio cuerpo y el autocuidado.
  • El conocimiento de que “sexualidad no es sólo coito”.
  • La aceptación real y en igualdad de condiciones de diferentes opciones sexuales.
  • La información y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.
  • La trasmisión de valores, actitudes y comportamientos sexuales que rechacen las relaciones de poder, de dominio- sumisión y de cualquier tipo de violencia.
  • El aprendizaje y la práctica de relaciones corporales, sexuales y mentales de “buen trato”, con una misma y con las otras personas.
  • La reflexión y la práctica de un lenguaje no sexista.
  • La sexualidad es lo más personal e íntimo de las personas.
  • Si lo personal es político, la sexualidad es también una cuestión política.
Lo verdaderamente “empoderador”, trasgresor y revolucionario contra el Patriarcado, es vivir nuestra sexualidad en:

RELACIONES DE IGUALDAD, DE BUEN TRATO Y NO FALOCRÁTICAS

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