Girl Power

Cómo superar el “Mal del Rechazo”

mal del rechazo, no more.

“Caer está permitido, levantarse es una obligación.” – La Oreja de Van Gogh

Tras haber concluido el proceso de entrevistas para un trabajo, invariablemente viene una de las etapas más difíciles: la espera. Esos momentos de nervio en donde lo único que hacemos es checar el e-mail y celular diez mil veces esperando respuesta. Malamente, existen compañías con procesos muy informales que jamás se vuelven a comunicar. Así como existe el típico patán que no llama después del primer date. Sin embargo, las compañías serias generalmente sí darán alguna indicación de si quieren o no continuar una relación con nosotros. En estos casos, hay que estar preparados para lo que pueda venir.

Rechazo en entrevistas

Es una triste realidad, pero no todas las entrevistas serán exitosas; no todas las citas culminarán en un “y vivieron felices para siempre”. Aprender a aceptar el rechazo es una parte fundamental para poder conseguir lo que buscamos. Al entender que a veces simplemente no encajamos con quien nos estaba poniendo a prueba, el proceso será más soportable. Habrá veces que no cumpliremos con las expectativas o que haya alguien más adecuado para ese puesto. En ocasiones, es posible recibir retroalimentación acerca de nuestro desempeño. Resulta útil aprender a discernir entre la crítica constructiva y la destructiva; la primera internalizarla y la segunda desecharla. Mantengámonos abiertos a recibir evaluaciones formativas, a analizar en qué están basadas e identificar áreas de oportunidad. De esta forma, podremos desarrollarnos mejor como profesionistas y como individuos para seguir creciendo constantemente. Ser rechazado es duro, no lo niego. En una ocasión, participé en un proceso de entrevistas de tres semanas en donde me reuní con siete personas distintas. A pesar de que en todo momento me dieron señales positivas, no me dieron el trabajo. Cuando la representante de Recursos Humanos me habló por teléfono para darme la mala noticia, se me cayó el mundo. Mantuve la compostura, haciendo un esfuerzo enorme por suprimir el nudo en la garganta para agradecer por la oportunidad y terminar la llamada profesionalmente. Tras la llamada lloré cuatro horas seguidas.

Pero no dejé que eso me detuviera.

Escribí en una libreta la explicación que me dieron (“falta de experiencia directa en la industria”) y tomé una decisión: algún día tendré la experiencia que buscan, y cuando lo logre, si así aún lo deseo volveré a contactarlos. Escribí correos de agradecimiento a las personas que me habían entrevistado y empecé mi búsqueda de nuevo. La clave recae en no tomarnos personal el rechazo; en no dejar que hiera nuestros sentimientos y afecte nuestra autoestima.

Es necesario primero valorarnos a nosotros mismos de tal forma que no nos definamos por la aceptación de otros.

No nos rijamos por lo que piensen los demás. Al conocernos y saber identificar nuestras fortalezas, no nos rendiremos al primer rechazo. Esa seguridad nos dará la fuerza necesaria para reanudar la búsqueda tras recibir ese doloroso “No”.

Rechazo en el amor

Lo mismo sucede en las relaciones interpersonales. Es muy común tener miedo a abrirnos ante alguien tras haber sido lastimados con un rompimiento. Sobre todo, si era algo que visualizábamos como una relación duradera. A pesar de que es imprescindible tomarse el tiempo para sanar, debemos adoptar la misma actitud que en el ámbito profesional: permitirnos un tiempo para reflexionar y ¡seguir adelante! Es increíble contar con el apoyo de familiares y amigos, pero al final del día sólo nosotros mismos podemos tomar los pasos necesarios para superar el rechazo y aprender del proceso. Cuando logremos apreciar cada experiencia, buena o mala, podremos aprender de cada momento y desenvolver la mejor versión de nosotros mismos. Mi amiga Elena recientemente estuvo en un rompimiento muy doloroso. Su novio de tres años de pronto se dio cuenta de que no quería pasar el resto de su vida con ella y la cortó. Ella se sentía deshecha, pero decidió irse de viaje un mes para distraerse, cambiar su rutina y sanar sus heridas lejos de su ex. Tuvo la fuerza y madurez para tomar los pasos necesarios para hacer las paces con lo ocurrido y seguir adelante. Claro que le había dolido, pero decidió no ser vencida por el dolor y hacer algo al respecto. La última vez que la vi me dijo que ya está lista para salir con alguien nuevo, lo cual me llena de alegría. No existe receta mágica para enmendar un corazón roto. Sin embargo, concentrarnos en nosotros mismos por un tiempo e identificar qué es lo que cada uno de nosotros necesita para sanar es básico. Hoy valoro aquellas veces que lloré por algún ex como experiencias que me hicieron crecer y me prepararon para la maravillosa relación que tengo con mi esposo. No, no fueron divertidas. Y no, no las quisiera repetir. Pero las reconozco como aprendizajes de vida que me enseñaron muchísimo de mí misma.

¡Nunca te rindas!

En ocasiones veo a mis compañeros del MBA ultra frustrados porque los han rechazado en sus procesos de reclutamiento. A ellos les digo: necesitas un solo “Sí”. No importa que hayamos recibido un rechazo o veinte. Tras ser rechazados, tenemos dos opciones: rendirnos o seguir intentando. Si nos rendimos, cerramos toda posibilidad de obtener ese “Sí” que tanto deseamos. Si seguimos, dejamos esa puerta abierta. Es inevitable recibir respuestas negativas en algún punto de nuestras vidas. Pero son estas experiencias las que nos preparan para cuando recibamos las buenas. Valoremos estas oportunidades de aprendizaje y utilicémoslas a nuestro favor. Es extremadamente liberador poder sentirnos agradecidos por aquellos trabajos que nos mandaron a volar. Igualmente, es increíble poder dejar ir el resentimiento que dejó aquel ex que nos rompió el corazón y reemplazarlo con agradecimiento. Tanto en el ámbito profesional como en el personal, cada vez que caemos, podemos levantarnos más fuertes. ¡Tú puedes!]]>